24 febrero, 2006

Historietas

Cuando yo era niño, mi padre tenía complejo de Julito Hazim, por lo que a mi casa siempre llegaban tres periódicos cada mañana: El Listín Diario, El Caribe y Hoy. Durante un tiempo también recibimos El Siglo. Y no conforme, a veces en las tardes él compraba Última Hora o El Nacional.

En resumen, en mi casa siempre había material de sobra para ponerle a los perritos cuando meaban en la sala.

Creo que esa profusidad de prensa diaria fue lo que me hizo ser un temprano lector. Con muy pocos años yo leía ya al menos los tres grandes diarios cada mañana, y aunque no voy a presumir de que entendía las noticias políticas o económicas, sí me hice fanático de las historietas que salían en ellos.

Las leía todas. Sin excepción. Las habían de muñequitos como Donald, Mickey Mouse, Blondie (Lorenzo y Pepita, en su versión Rated G), superhéroes como Supermán, Batman, Spider Man y The Hulk, novelas como María de Oro, y muchas otras que reflejaban muchos aspectos de la vida diaria. Daniel el Travieso, Don Abundio, Trucutú, Garfield, Archie... uffff, montones de historietas y todas eran devoradas diariamente por mí. Reitero, todas sin excepción.

Era chévere eso, porque muchas de las historietas eran por capítulo, y había que recordar lo que había pasado el día antes para coger el hilo, recibir los dos o tres nuevos cuadros y esperar tooooodo un día para continuar. Y como yo las leía todas (sí, todas sin excepción, ya lo dije, ¿no?) era como si yo fuera el eMule y estuviera bajando 40 historietas simultáneamente, en trocitos de 10KB cada día.

Pero yo tenía mis favoritas, por supuesto.

Desde esa época me hice un admirador de Peter Parker, el foto-reportero frustrado que es picado por una araña radioactiva y se convierte en Spider Man. Me encantaba ver a Peter teniendo problemas cotidianos. Mary Jane le sacaba los pies a cada rato, J.J. Jameson lo despide y lo vive mandando a la porra con "m", la tía May lo fuñe a cada rato porque anda dejando reguero... Realmente Spidey logró cautivarme mucho, pues se me antojaba un superhéroe con problemas de gente normal.

Lo que más me impresionaba de los poderes de Spidey era su capacidad de prever el peligro, el llamado "sentido arácnido" que lo ayudaba a quitarse del medio si un piano le iba a caer encima. Siempre he pensado que ese "poder" es pretty cool, y que sería jevy tener eso para saber cuándo un disparate que uno casi va a decir podría tener consecuencias no agradables, para no decirlo. Caramba, qué chévere sería poder tener eso y hacer un rápido undo a lo que iba a decir...

Otro de mis favoritos es Kit Walker, quien se viste de púrpura con una máscara negra y sobre su caballo Héroe junto a su lobo amaestrado Diablo toma la identidad de El Fantasma que Camina, el Hombre que nunca Muere, o simplemente The Phantom.

Kit Walker tiene el mérito de ser uno de los pocos superhéroes que demuestra con HECHOS que no es cundango, pues se casa y tiene dos hijos (Kit junior y Heloise). De paso, Spidey también termina casándose con Mary Jane, aunque no he sabido que hayan tenido arañitas.

Pero lo más ápero de el Fantasma es que no tiene poderes sobrenaturales. Se basa en agilidad y reflejos, mucho de artes marciales y la colaboración de la "gente pequeña" de la selva africana donde vive, que en más de una ocasión lo sacan de un lío. Me gusta el enfoque de tradición familiar que tiene el personaje, pues Kit Walker es el Fantasma #21 desde que el Fantasma original jurara que lucharía contra la piratería y contra los Sighs que son los archi-enemigos de todos los Fantasmas.

Ahora bien... si han leído este tema hasta acá, pensarán que mi historieta favorita es alguna de esas, de superhéroes, de golpes y villanos... Si pensaron eso, se equivocaron medio a medio. La historieta que desde SIEMPRE ha sido mi favorita, la que leo de último porque sé que es la que más risa me provocará, es la del argentino Guillermo Divito que presenta a un circunspecto abogado absolutamente pulcro y decente, al que cuando se encuentra con situaciones en donde la ética y el decoro impide una expresión audible, le sale "el otro yo" y se desborda alegremente con las más sinceras e impublicables de las palabras.

¡El Doctor Merengue!

El Dr. Merengue es un atildado personaje, correcto y educado, nunca pierde la compostura. Pero el impecable Doctor tiene una cara oculta. Como en Dr. Jeckill y Mr. Hyde, de Stevenson, hay una doble personalidad, y su inconsciente freudiano, literalmente, sale a decir lo que realmente piensa.



Me encanta la manera de ser tan "freudiana" que tiene el otro yo del Doctor Merengue, y me parece la más sincera de las autocríticas que tiene el mundo de las historietas. El otro yo, el que todos tenemos, el que llevamos por dentro pero nunca mostramos, el que dice lo que jamás diríamos, el que no tiene pudor ni vergüenza, ese yo oculto y reprimido por las "buenas costumbres", es el que sale tan fresco y libre en las historietas del Doctor Merengue...

Más humano, ¡NADA!




23 febrero, 2006

El Monólogo del Jambriento

Sorri. Llo aiga tao mur oscupao antonce no aiga tenío tiempo d'ecribí aigo má nuebo, pero le buá tirai ete ecrito que laigué hacen aiguno mese en otro bló.
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El Monólogo del Jambriento

La jambre y los choferes de carro público son una mardición, Pepelo. Una mardición.

Hoy cogí yo un biónico "palque" para ir a donde los chinos a comerme en forma de chofán a la abuelita o la tía jamona que mataron anoche. Me senté alante, que para mi suerte estaba vacío. Atrás se unió una infeliz que puso mueca de nomejodas desde que la miré. Le pasé una papeleta de 100 pesos al australopitecus afarensis que tenía una mano en el volante y con la otra cobraba, pasaba cambios, subía la radio, movía el retrovisor y se cucutiaba las cavernosas interioridades de su oreja y nariz, con el consabido chupón de dedo y saboreo. El grajo del sub-homosapiens daba un toque ambiental a-lo-picazanja de lo más coqueto, parecía realmente una degustación de olores que ruborizaría a Chanel y a Carolina Herrera.

Mientras el sonido de una voladora era ahogado por los acordes majestuosos de "Chócame, chócame, y dame massssseta, papi massssseta" me preguntaba por qué el condenado no terminaba de hacer avanzar esa conjugación de hierro retorcido y ruedas usadas por quinta generación. La respuesta vino cuando vi cruzando una mujer rolliza que parecía uno de esos chorizos de cuando tábamos en buenas, que uno juraba que reventaría con la próxima mirada.

Sin pensarlo dos veces, la singular imitadora del muñeco de la Michelín se asió de la puerta delantera y echó el bembe hacia adelante como señalando "echa p'allá que quiero entrar". Yo la miré con cara de bazooka e incliné los ojos hacia atrás, queriéndole decir que estaba más vacío allá. Entonces la voz del primate conductor me dijo "recógete lalgo, o págame lo do pasaje, recoge, recoge".

Fue entonces que sentí que me bajó el azúcar como si de repente me dijeran que Shakira se había casado con el Bobby de Nylon.

En cámara lenta evalué la situación. ¿Desmontarme para que la gorda se montara y yo irme en otro carro que quizás tuviera condiciones batey-alike más aceptables? No, el primo de Chita aún no me devolvía. ¿Decirle expresamente a Dumbo que se sentara atrás? Su cara indicaba que no iba a negociar. ¿Encoger mi osamenta con un proceso no patentado de PKZIP para dar paso a aquella demostración del poder de la fritura? Sí, eso hice. ¡Ay, mis costillas!

Por el espejo retrovisor alcancé a ver la pasajera de atrás que esbozaba una media sonrisa digna de darle un suplé de los que los Broncos daban cuando Jack Veneno regalaba salamis en el Parque Eugenio María de Hostos. ¡Esa hija de perra realenga y garrapatosa! Nadie más abordó la nave del Gran Almirante Don Cristóbal Grajón.

Así iba yo... el jamón de un sandwich que tenía a un lado masa de puerco cebado y al otro lado el hedor del mismo puerco... qué poema! No bien habíamos caminado 200 metros cuando reconocí que no soy tan hombre como pensaba, pues sentí que mi virginidad era zarandeada por una estaca maldita de la que ni el Conde Drácula podría haberse salvado. La maldita madre del maldito japonés de la maldita mi(beep)da que diseñó los Corollas con el freno de mano en medio de los asientos. ¡Ojalá que le metan por ahí uno de los bates de David Ortíz para que aprenda, coño!

Así por fin llegamos al Parque Independencia. Pedí parada antes que nadie y sentí que la mastodonta resoplaba por la molestia de tener que bajarse antes de tiempo (pues ella seguramente iba al Mercado Modelo en la Mella a abastecerse de tripitas, entresijo y enchufles). Luego de hacer maromas para salir y estrujarme su espalda adiposa y llena de estrías que hasta se revelaban sobre su blusita de Almacenes Pica Pica, aquella media vaca salió y más pronto que una vieja cantando "Bingo!" salí yo. Me quedé recobrando el aliento y la vergüenza y observé cómo los muelles del auto gemían cuando la Kingkona se sentaba de nuevo. Cuando ya se iba el carro, grité "'DITA MADRE!" y el auto se detuvo... a abordar dos pasajeros, por suerte.

De manera que llegué caminando con el estómago magullado y abrazado de las vértebras lumbares al comedor de los chinos. Yo tenía tanta jambre que el especial del día me parecía tan bueno que pensé que habrían matado a Asia Carrera para picarla en egg-rolls. Hago mi filita y al pagar me doy cuenta de que el maldito chofer me había tumbado mi devuelta, y no tenía suficiente para pagar la comida.

Así que adiós tetas de Asia Carrera versión egg-rolls... Adiós jartura de arroz añejo 12 años... Y hola al sufrimiento de tener que volver para atrás sin dinero, con jambre y sin un bate (ni fuerzas) para darle una carrera al "padre de familia" que montó una hipopótama a mi lado y me tumbó 90 lágrimas en moneda de curso legal y me regaló muchas lágrimas de jambre con jota de jediondo.

22 febrero, 2006

Hippopotomonstro- sesquippedaliofobia

Hay millones de cosas que no entiendo. Millones de cosas con las que no estoy de acuerdo. Y sin embargo, sigo vivo, conduciendo mi vida en el mágico equilibrio que es como el filo del saber y el ignorar, pasando de las luces de la aprobación a las tinieblas del rechazo con tanta naturalidad que cualquiera se convencería de que soy acróbata consumado del Circo de los Hermanos Suárez.

Soy un ignorante. No tengo la más mínima idea de cómo reparar la cebolla de mi auto. A lo más que llego es a enojarme con Griselda porque yo odio la cebolla y ella tiene en su interior una permanentemente. ¡Qué asco!

Soy un ignorante. No podría hacer nada si me empieza a doler intensamente un costado del abdomen y siento que se me va el alma en dolor. Sólo podría hacer lo que puedo hacer: sentarme a esperar que pase el malestar y quizás buscar un médico.

Soy un ignorante. No puedo predecir el 99% de las reacciones de una mujer, a menos que ya sea demasiado tarde para reaccionar adecuadamente. He aprendido, eso sí, a estar atento a las señales y a tener siempre a mano un "refugio nuclear" donde pudiera guarecerme en caso de que algo salga mal.

Así como estos, hay cientos de miles de ejemplos que ilustran mi ignorancia con reveladora frialdad. Ignoro tantas cosas que es muchísimo más fácil contar mis sapiencias que mis carencias intelectuales. Pero al menos sé que no sé, y trato de comportarme prudentemente informado al mismo tiempo que inquisitivamente curioso para aprender algo nuevo cada vez que el Sol sale por San Pedro.

Así he vivido 37 --casi 38-- años de mi vida. Dando saltos entre la cálida sapiencia y la sobrecogedora ignorancia. Así he llegado de ser un poco sabio. Un poquito nomás.

Y por eso sé cosas que nadie más sabe. Oh, espera... no debo sonar tan pretensioso: Al menos, sé cosas que casi nadie más sabe.

Por eso sé que en Las Terrenas hay una cueva secreta en la Ensenada, recorriendo el borde rocoso, y en 1985 dejé oculto allá un pequeño cofre con alhajas de vidrio y plástico duro, que a mí me parecían joyas de la realeza británica. Y dejé en el cofre una nota en papel plastificado, que decía "Si encuentras esto, llámame al 562-9273" que era el teléfono de mi casa.

Por eso sé que hay 21 kilómetros desde Las Terrenas hasta la Playa El Limón, ya que recorrí ese trayecto a pie --ida y vuelta-- un sábado que salí a las 5.30 de la mañana con una cantimplora llena de 7Up, una funda llena de panes, jamón y queso y mi navaja suiza Victorinox. Regresé a casa pasadas las 8 de la noche, exhausto pero con la más grande de las satisfacciones.

Por eso sé que en el camino peatonal que comunica la calle Banique con la Avenida Anacaona en Los Cacicazgos, bajando la pequeña colina, detrás de unos arbustos que aún se encuentran allí, enterré a Diana el 9 de agosto de 1989. ¿O era el 9 de septiembre de 1988? Bueno, yo sé que habían dos ochos y tres nueves en la fecha en que la enterré.

Y usted que me lee, también es un ignorante de su propio terreno desconocido, como en Age of Empires, y deberá ir caminando a su ritmo para conocer y dejar de ignorar. Pero ya usted sabe tres cosas de mí que no sabía antes. Ya es menos ignorante que antes. Lo felicito.

Y para que se aplauda un poco más, sepa además que:

1. Griselda es mi auto.
2. Me extirparon el apéndice en 1998, así que si me doliera el abdomen, no sería por esa causa.
3. El mayor de los encantos de la mujer es ser impredecible. Lo malo es que muchas no lo saben, y se esfuerzan en pretender que nosotros las podamos entender.
4. Nadie me llamó nunca por causa del cofre en la cueva secreta. Quizás nadie lo ha encontrado aún. Vaya, pero de todas maneras, ya ese teléfono no está en servicio... de forma que jamás sabré si alguien encontró el cofre, leyó el mensaje y quiso contactarme, o simplemente el cofre terminó desmenuzado por las bravías aguas de una marea alta.
5. Cuando se me terminó el pan y el 7Up tuve que marotear. Y descubrí que las naranjas agrias son muy dulces a las 4 de la tarde a más de 15 kilómetros de tu casa y estás en un camino desolado.
6. Diana, mi adorable perra dálmata, murió sin dejar hijos, ya que se los comía cuando nacían.

¿Ve? ¡Ya sabe seis cosas nuevas más! Y para que vea que soy súper dadivoso le diré que la Hippopotomonstrosesquippedaliofobia es el miedo a las palabras largas.

¡Qué útil es tener un blog! ¡Me siento como un benefactor!

21 febrero, 2006

Los monos sabios de Leslie

Leslie escribió en su blog acerca de los "monos sabios", y a mí me pareció interesante la historia de esas famosas figuras.

Parece ser cierto que el orden en que aparecen los tres monitos refleja la actitud con que deberíamos asumir cuando nos enteramos de alguna información, o sentimos el deseo de transmitirla: ¡Prudencia!

El primer monito se cubre los oídos, ya que la mayor parte de las informaciones nos llegan como comentarios. El segundo monito coloca sus manos sobre sus ojos para evitar ver lo que no debe ver, que es la segunda manera más importante de enterarnos de las cosas. Y finalmente, el más importante de los tres monitos cubre su boca, porque aunque nos enterásemos de cosas que no deberíamos saber (ya sea por error o con propósito de enterarnos por morbosidad), no tenemos que andar hablando de eso.

¿La solución? ¡Escríbelo en tu blog!

:)

¡El Mejor CD de los últimos meses!

Adivinanza:

¿Qué consigues cuando mezclas estas cosas?
1. Voces de mujer impresionantemente dulces y melódicas.
2. Ritmos de Bossa Nova.
3. Las canciones del viejo Bob Marley.

¿La respuesta? ¡Bossa n' Marley!

"Compré" este CD por ahí y tengo que admitir que es ¡EL MEJOR CD que he escuchado en MESES! no tiene nada de desperdicio, nada de relleno, todo está justo como debe estar.

He estado escuchándolo desde hace como 4 horas consecutivas, y no consigo parar. Podría dormirme escuchando esto...

Qué maravillosa idea, la de mezclar un ritmo tan dulce y sensual como el Bossa Nova con las canciones y las melodías de una leyenda musical como Bob Marley.

En el CD tiene una orquestación magistral, con arreglos muy respetuosos de las melodías originales, pero dándole ese "spice touch" del Bossa Nova.

Estas son las canciones que desfilan en esta verdadera joya musical:

1. Redemption Song
2. No Woman No Cry
3. Buffalo Soldier
4. I Shot The Sheriff
5. Stir It Up
6. Sun Is Shinning
7. Positive Vibration
8. Is This Love
9. Get Up, Stand Up
10. One Love
11. Could You Be Loved
12. Waiting In Vain

20 febrero, 2006

Sunset by the trees

El Sol... fuente de vida, manantial de energía que se derrama generoso en dosis de doce horas cada vez.

Los árboles... testigos perennes de la diaria tragedia de ver morir la luz y dar paso a las sombras.

El Sol y los árboles... por sí mismos motivos suficientemente nobles para engalanar cualquier poesía... ¡Qué calidez generan cuando se les une, qué acogedora paz transmiten al conjugarse en una complicidad de rayos dorados!

Sunset by the trees, tomada en el Parque Mirador Sur, el 13 de enero del 2006.

19 febrero, 2006

La Cadetral de Notre Dame

Sin dudas, una de las fotografías que más adoro es la que tomé en octubre del 2002 en la Catedral de Notre Dame, en Montreal.

Siempre he tenido una particular afición por las iglesias, ya que suelen ser la mejor galería del genio arquitectónico de cualquier civilización. Sin embargo, tengo que admitir que no estaba preparado para la sobrecogedora experiencia que constituypó para mí exponerme a las inesperadas luces y formas de esta iglesia católica.

Cuando el juego de luces azules y doradas golpeó mi concepto de la sobriedad, me tuve que convencer de que a pesar de "extraños", aquellas tonalidades tan inusuales lograban transmitirme una sensación de paz que no había sentido en ninguna otra edificación católica, incluyendo la impresionante Catedral de San Patricio, en Nueva York.

La fotografía fue tomada sin flash, apoyado en uno de los bancos posteriores, sin trípode, conteniendo el aliento y usando el temporizador del disparador. No tengo reparos en decir que esta es una fotografía sobrecogedora. Posted by Picasa

La cabeza del mar, que contempla siempre la muerte del sol desde su lecho de húmeda soledad.

Mis cinco hábitos extraños

Bueh, mis amigas Leslie y Marielle me han puesto a fuñir con esto de Blogger, yo que estaba de lo más tranquilo con mi Space en MSN... pero la verdad es que Blogger es más "puyable", así que aquí estoy: Ya me mudé!

Y para entrar en el coro de Leslie y Marielle, así como otros amigos bloggeros como Alesi, Traviesa y Pequeño, aquí les presento cinco de mis más impronunciables hábitos...

1. Soy un esclavo de mi móvil Orange. Yo no puedo salir a la calle sin mi celular, al punto que cuando se me ha quedado indefectiblemente me devuelvo a buscarlo. Pero además de eso, vivo actualizándolo todo el tiempo, y tooooodos los contactos que tengo están organizados por su nombre completo, con todos sus acentos y su correcta capitalización (no soporto ver "dario martinez"). Además, la mayoría de mis contactos los coloco en un grupo especial: Familia, BBSianos, Foristas, Negocios y VIP). A la gente que tiene nick le pongo su nick en una nota (hay gente que no recuerdo quién es hasta ver el nick). Y tengo ya más de 380 contactos (muchos de ellos con más de un teléfono). ¡La memoria está en 99%!

2. Como muchos ya han dicho, soy un enfermo con conectarme a Internet. No puedo llegar a casa sin ver mi correo y ver quién está online. Muchas veces me conecto al MSN en modo "offline", pero siempre estoy viendo quién entra. Al levantarme también es lo primero que hago. Y aunque me meta a bañar, al salir vuelvo a ver mi correo... Yes, it's addicting.

3. Todos los días de mi vida, desde los cuatro años, mi desayuno incluye medio litro de leche con chocolate o fresa. El día que no haya ese medio litro de leche tibia, podría hasta vomitar de anemia.

4. Le echo catchup a casi todo, excepto cuando como en casa ajena. Esto creo que se debe a que en mi casa cocinan casi nulo de sal, y el catchup le da un saborcito extra a la comida.

5. Cuando camino ciertas distancias largas, voy contando mis pasos. Utilizo mis dedos para llevar el control de cuántos pasos llevo. Eso me ayuda a entretenerme, pero una vez, por estar distraido, una jeepeta casi me da un batazo en mi escasa osamenta.

6. (la ñapa) Cuando me siento a almorzar, TENGO que leer algo mientras ingiero mis alimentos. Usualmente el diario del día (aunque ya lo haya leído en la mañana). No sé almorzar sin leer, a menos que esté acompañado. La fascinación por leer también se extiende a otro momento de paz y solaz personal, que se realiza en soledad y sentado en aquél trono nacáreo. Suelo leer Selecciones en esos momentos...

Vielkita y yo

 
Aquí está, con su sonrisa luminosa... Vielka Martínez Colón, mi hija y mi orgullo de 4 años. Posted by Picasa

18 febrero, 2006

Un espacio más

Un espacio. Uno más
Singular... como todos los demás
Único y especial, tanto como tú quieras
Falso y real, aunque yo ya no quiera
Tétricamente risueño, brutalmente vital
Una voz que quiere hallar su espacio
Su espacio. Uno más.

16 febrero, 2006

Perdóname, Cecilia...

Hoy 16 de febrero se cumple un año del hallazgo del cadáver de Cecilia Cubas Gusinky, secuestrada el 24 de septiembre del 2004 por un grupo paramilitar paraguayo ligado a las FARC colombianas.

Yo estuve en Paraguay en enero del pasado año y viví de cerca la angustia de todo el país por la liberación de Cecilia. Sea esta una manera leve de recordarla con mucho respeto de mi parte.

Perdóname, Cecilia...

Hace un año ya que te encontraron... hace un año ya que te rescataron, tarde para la vida, temprano para las lágrimas... Hace ya un año, Cecilia...

Nunca te conocí, ni siquiera sabía que existías... pero mientras estuve en Paraguay en enero del año pasado, tú fuiste la mujer que más me sonrió, la mujer que más me miró con esos ojos profundamente verdes, profundamente limpios. Y ya nunca te olvidé.

Un año Cecilia... Hace ya un año que regresaste al mundo de los muertos y preñaste sin querer una leyenda que no merecías, una historia que no debiste protagonizar. Objeto fuiste de manos sucias, manos injustas que arrancaron de tu alma las alegrías una por una como si de un juego se tratara. O quizás sí era un juego, y el equivocado he sido yo... posiblemente, Cecilia, posiblemente tú no fuiste más que la más verdadera de las mentiras o la más oscura de las luces, la diana más torcida o la sirena más callada que clamaba por una ayuda que nosotros, impávidos, te negamos como parte del mismo juego.

¿Qué tan culpable fue Paraguay de tu muerte? ¿Qué tan responsable fue América de que dejaras de vivir? ¿Cuánta de tu sangre pesa sobre mi conciencia, sobre este dominicano que te conoció por carteles y te prendió velas en un altar de esperanzas inútiles? A mí, desde mi galaxia personal, tan lejos de tu galaxia existencial, de tus estrellas y tus recuerdos, me parece que tengo culpa de tu muerte, porque me he callado muchas veces.

Y conmigo han sido miles de imbéciles, zánganos obedientes, que nos hemos quedado callados... que hemos permitido que los mal llamados líderes de nuestros países nos violen sistemáticamente, que nos abusen, que se burlen de nosotros vez tras vez, y además de quedarnos callados, hemos tenido la cachaza de sonreír y acudir de nuevo a votar, y volver a creer en las mismas mentiras, y abrazar a gente indigna, a gente podrida que dice que nos resolverá la vida, cuando la verdad es que ni en Paraguay ni aquí ni en parte alguna, han sido honestos.

Ay Cecilia, ¿podrás perdonarme, desde donde quiera que te encuentres? ¿Perdonarme, Ceci, por morirme de miedo ante la perspectiva de denunciar lo mal hecho? ¿Perdonarme por no exigir los más elementales controles para evitar que los supuestos gobernantes se comporten como ladrones de mi vida, en vez de ser servidores?

Cecilia, tu muerte es un circo. Ha pasado un año ya, y me he pasado un año recibiendo noticias sobre tu caso, y leyendo como las malditas leyes del Paraguay se tuercen, tanto o más que las nuestras, para suavizar o hasta descargar a personas que intelectual o materialmente te cegaron la vida. Y con la tuya, la vida de todo un pueblo... de toda una raza... hasta llegar a mí.

¿Podrás perdonarme alguna vez, Cecilia?

No te culpo si no lo haces...

14 febrero, 2006

Las flores tocarán tu puerta

Las que hermosean la oscuridad del corazón abrumado,
Las que destilan lágrimas y no radiante alegría,
Las que perfuman tu ausencia en un rincón olvidado,
Las que se aburren de celos, de frustración y desidia
...son las flores tristes.

Las erradas que llegaron con fe al corazón ocupado,
Las falaces que hablan orgullosas de un amor sin penas,
Las que cuelgan su aroma de un poema triste y abandonado,
Las que vagan en un limbo de amor arrastrando cadenas
...son las flores falsas.

Las que llegaron tarde cuando el amor se había terminado,
Las marchitas que lloran el luto de la ilusión cercenada,
Las locas que aspiran señorear en un jardín desolado,
Las que se arrojan sobre el féretro de un alma ilusionada
...son las flores muertas.

Esas flores...
flores tristes, flores falsas, flores muertas,
portadoras de un mensaje sin sentido…
Esas flores... ¡hoy tocarán tu puerta!

San Valentín, 1997

(conmemorando un amor felizmente fallido, nueve años después)

18 diciembre, 2005

Lluvia de poesía con Juan Luis Guerra

Desde el viernes en la noche Juan Luis Guerra llenó mis sentidos y mis sonrisas, pues sus melodías acompañaron hasta mis sueños toda la noche, al punto de dormir y despertar con su música, sin lograr jamás cansar mis neuronas que bailaban alegres. En sintonía o complicidad conmigo, varias estaciones radiales amanecieron también “juanluisiadas” y tenían su programación completa entregada al artista.

A ratitos un sol muy tímido asomaba sus rayos de luz para calentar algunas esperanzas de que el día no sería tan gris como el deseo de progreso de los dominicanos. Por momentos las nubes se reunían a jugar juegos de lágrimas frías y derramaban sobre nuestra tierra su carga de llanto, a veces ligero, a veces copioso. Este sábado 17, el día estaba confundido, indeciso entre si llover o escampar… Era, sin dudas, un día ambivalente. Pero era, en realidad, lo único en Santo Domingo que tenía dudas sobre lo que debía hacer.

Creo que en el fondo, el clima nublado fue parte de un plan maestro, una maravillosa conjura para hacer que las cosas fueran aún más meritorias. Meritorias para las más de 50mil almas para las que por esta vez la lluvia no fue húmeda molestia sino agua bendita que nos llenó de un intenso frío invernal, que los ritmos y acordes del inmenso artista iba haciendo olvidar. Y meritorias las cosas, sin dudas, para el protagonista de la noche, quien se dio un baño de pueblo para el que siempre ha estado dispuesto. Y final (y principalmente) claro está, meritorias para el Señor, como confesaría luego en sus propias palabras “merecedor de toda honra, el poder y la gloria sean a ti Dios Padre”.

Pavel Núñez inició el concierto a las 8.15 de la noche, con un Estadio Olímpico ya repleto, ya eufórico, ya ansioso de beber poesía a raudales. Pavel, sin dudas, fue la mejor manera de comenzar, pues logró empatía, inauguró aplausos y rompió el hielo de un mar de gente que coreó sus melodías. Betania, Paso a paso, Te di, y su magistral arreglo de Se murió Martín deleitaron a todos que ya aupan a Pavel como un artista consumado. Sin dudas, es un gran artista. Cerró a las 8.45 y hubo un largo “silencio” de 45 minutos, y lo pongo entre comillas porque fue una mujer, la DJ Mariela, la encargada de mantener discretamente animada a la audiencia con sus mezclas techno-jazzeadas. Al pasar media hora el Estadio ya sabía lo que venía y empezó a impacientarse y a corear “¡Juan Luis! ¡Juan Luis!” reclamando el licor de versos que sabíamos que nos emborracharía indefectiblemente.

Las pantallas gigantes probaban su funcionamiento, las luces practicaban sus intensas llamaradas, y acordes Mariela continuaban haciendo el compás de espera, que se interrumpió con un conteo regresivo de tres minutos que apareció poco antes de las 9:30 de la noche. Un conteo sencillo, números blancos sobre un fondo negro… Faltando dos minutos una avispa revoloteó cerca de los números que vertiginosamente se acercaban al inicio. El público respondió con alegría. Otra avispa pasó y nos miró picando un ojo. Luego llegaron más y más, mientras quedaba menos de un minuto, y sus zumbidos hacían coro con la euforia que empezaba a arroparnos. El estadio completo de pie mientras el enjambre de las Avispas ya no dejaba ver si faltaban 30… 20… 10… sólo segundos para el inicio.

La mayor de las Avispas cubrió la pantalla y dio paso varios helicópteros militares que traían consigo a un Soldado de Dios: Juan Luis Guerra iniciaba a las 9:33 el paroxismo de 50mil dichosos que fuimos cómplices de esa noche.

Juan Luis nos llevó al consulado de la poesía donde nos dio Visa para un sueño, un sueño que sin duda alguna Vale la pena soñar. Con un preámbulo en balada, fuimos A pedir su mano, la mano de la mujer que todo hombre Quisiera en versión acústica, y con la compañía de un Pavel Núñez que también resultó un triunfador.

¿Qué le llevamos a esa mujer? ¿Qué tal una Amapola? Sí, seguramente así ella verá Estrellitas y Duendes, pues en el fondo todo lo que queremos decir es que Viviré “cada segundo pegadito a ella”. Y como la amamos, al tenerla cerca el corazón se nos pone Frío frío, “como el agua de un río”. Pero amor que se bendice con estos versos es amor que se desprende de todo, y le daremos también una Coronita de flores “para que te acuerdes de mí” y que “llore la lluvia, se moje el recuerdo, y la brisa se llene de ti”.

Para mí, el clímax de una noche mágica llegó cuando Dios demostró que también estaba en primera fila del concierto, y cuando Juan Luis suplicó al cielo que Ojalá que llueva café en el campo y para maravilla y alegría, comenzó a mezclarse la lluvia de versos con la lluvia que mojaba nuestras almas sedientas de esperanzas. Y no es la primera vez que esa canción logra romper el vientre de lo alto y provocar una ducha “casual” y absolutamente providencial.

Pero a pesar de la lluvia, ¿quién se iría? Sólo aquéllos incapaces de ir Como abeja al panal, y escuchar la percusión de Chichí Peralta cuando nos recordaba las Razones por las cuales Ayer escribimos aquella Carta de Amor. Al terminar la participación de Chichí, fue tiempo de volver a bailar con Woman del callao, la misma que “tiene mucho down”, y fue una manera movida de recuperar el terreno para darle paso a Marcos Hernández que acompañara a Juan Luis para llevarnos a recordar que Mientras más lo pienso, tú.

Fue tiempo para que Juan Luis nos recordara que todo su arte lo dedicaba a Dios y cantó Para Ti como testimonio de su fe. Luego nos dice que El costo de la vida sube otra vez lo cual es cada día tan cierto como la primera vez. Sin embargo, aunque suba hasta ahogarnos, siempre habrá espacio para regalar una rosa que encontramos en el camino, y más si Diego Torres nos acompaña a cantar una Bachata Rosa seguida por un electrizante Color Esperanza que el argentino derramó a manos llenas sobre un océano de gritos maravillados por la sorpresa.

Estoy seguro de que Anabelle nunca olvidará la noche de anoche. No sólo porque ella ayer se casaba con Danilo, sino porque ella vio su tristeza convertirse en alegría. Resulta que algunos de sus invitados a la boda habían preferido ir al concierto, pero el novio, viendo su tristeza, logró hablar con Juan Luis y pedirle que le llamara en medio del concierto y le dedicara a ella una canción. Así que Anabelle escuchó por el celular, durante su ceremonia de bodas, cómo caían sobre su alma miles de Burbujas de Amor. ¡Sencillamente, una maravilla de detalle!

Y luego de dedicarle esa canción a una mujer que se casaba, Juan Luis le recordó a la mujer que se casó con él hace más de 20 años, que Cuando te beso se prenden todas las estrellas en la aurora. Volvió a cantarle a Jesús confesando que quiere Estar contigo, para luego recordar lo que le pasaba Si tú te vas.

Fue momento de Juan Luis tomara un breve descanso, lo que aprovechó Roger Zayas Bazán presentar a los integrantes de la orquesta con la melodía de La Gallera. Y como si hiciera falta más alegría y emociones, los músicos hicieron su propio show bailando y arrancando euforia con sus cadenciosos movimientos. Poco tiempo después Juan Luis regresó al escenario rodeado de Las Avispas para que “lo piquen y lo piquen y lo piquen en el dedo más chiquito pa que afinque”.

Y entonces, a todos en el estadio nos subió La Bilirrubina, algo que esperábamos llegar. Al final, se apagó el escenario y se hizo un largo silencio. ¿Se acabó el concierto? Empezaron los coros pidiendo “Otra, otra, otra” y yo por dentro sabía que no habíamos terminado.

¡Claro que no! Fue que a Juan Luis le dio una sirimba, pero esta vez fue un sábado en la noche, y tuvo que pasar El Niágara en bicicleta. La buena noticia es que por fin Rosalía se lo dijo pronto, y poco después entró El Prodigio haciéndonos La Cosquillita y cuando finalizaron los rápidos acordes, el cielo se iluminó de luces y colores, con un espectáculo de pirotecnia de más de 15 minutos de duración.

Así concluyó una noche llena de lluvia. Sí, la misma lluvia fría que amagó todo el día, al final cayo bendita sobre nosotros. Y también llovió café y esperanza, y llovió copiosamente satisfacción y plenitud de haber sido parte de una bendición artístico-divina un sábado de diciembre.

Juan Luis Guerra, un maravilloso ser humano. ¡Un orgullo de todos! ¡Bendito el Dios que sembró tal talento en ti!

11 octubre, 2005

La Bendición de la Loca

La Zona Colonial es, para desventura de ellos y vergüenza de nosotros, el hogar sin techos ni paredes de decenas de enajenados mentales y pordioseros que pululan de una esquina a otra ante la mirada indiferente de todos. También en la Zona Colonial está ubicado el colegio donde asiste mi hija Vielka junto a dos primitas. Acostumbro a ir a buscarlas diariamente como forma de verla e ir monitoreando un poco su desarrollo.

Hoy iba en el auto con mis tres "Chicas Superpoderosas" conversando animadamente cuando llegamos a la esquina de la casa de ellas. Siempre que ando con las niñas soy bastante más cauteloso con todo lo que ocurre en la calle, procurando estar alerta a cualquier imprevisto. Por eso desde lejos noté que la señora que estaba de pie y de espaldas a mí en el espacio donde pensaba aparcar el auto era una enajenada mental.

--¡Tío, mira, una loca! –interrumpió la mayor de mis sobrinas señalando a la infeliz. Ella notó el vehículo y luego de darse cuenta de que quería estacionarme, se quitó del lugar y pensaba que se retiraría lejos. Cruzó la calle y desde la acera de enfrente nos miraba. La mayor de las niñas contagió de asombro y cierto dejo de temor a las dos pequeñas que instintivamente se inclinaron en el asiento hacia el lado derecho del automóvil que era el más lejano de la pobre "loca".

Yo me quedé unos segundos evaluando qué hacer. No quería que las niñas actuaran con desprecio hacia la mujer, pero tampoco quería que ella se acercara a nosotros. Simulé que me quedaría en el auto esperando que la señora se alejara más, y aproveché para hablarles a las niñas sobre lo que pasaba con la infeliz. Traté de explicarle con un vocabulario de 4 años que ella tenía "problemas", pero eso sólo despertó el gusanillo de la curiosidad.

--¿Qué problemas tiene? –preguntó la mayor, que usualmente funge como "vocera" del trío. En eso noté que la mujer se había movido unos pasos y vi la oportunidad de salir del auto. "Problemas personales" dije simplemente y añadí "Es una pobre mujer que me da lástima".

Salí del auto y lo rodeé por detrás para desmontar a las niñas lo más lejos posible de la señora, pero ella al notar mi movimiento dio marcha atrás y volvió a colocarse mirándonos desde la acera. Le dirigí una mirada entre molesto y preocupado y ella confirmó que tenía lo que quería: mi atención.

Mientras ella cruzaba la calle yo agarraba a las niñas y las colocaba detrás de mí. Se acercó hasta estar a unos dos metros y habló. Sus palabras fueron inesperadas y profundamente avergonzantes para mí:

--Ay m'hijo, que Dios te bendiga las niñas.

Aún en mi afán de protegerlas de la "amenaza" no atiné a entender lo que me decía la señora. Las niñas estaban a mis espaldas y estaban asustadas porque yo mismo las estaba asustando. Cuando logré digerir el deseo de la señora, balbucí un "Amén, gracias". Ella trataba de sonreírles buscándolas detrás de mí y yo insistía en cuidarlas de ella.

Me pidió dinero, me mostró una herida y me habló del sida y de la soledad, todo en unos 10 segundos. Rechacé ayudarla con la clásica mentira del "no tengo nada" y logré evadir a la mujer agarrando fuerte a mis tres muchachas de la mano. Vielka se quedó mirando a la mujer que también la miraba fijamente.

Cruzamos la calle alejándonos de la señora y yo daba pasos más largos de lo usual procurando alcanzar la puerta y subir al segundo piso donde debía dejar a las niñas. La enajenada nos siguió, aumentando la sensación de miedo de la mayor pero mi Vielka y la otra primita no dejaban de mirar a la infeliz hija del desamparo.

La puerta de la escalera estaba abierta y las dos hermanitas ya habían entrado. Entonces Vielka se detuvo, señaló a la mujer y dijo:

--Que Dios te bendiga con mucha bendición.

Ella repetía lo que le he enseñado siempre, "cuando escuches una bendición debes devolverla más grande".

Sentí que el tiempo se detuvo y miré a la "loca" que aún tenía su mirada fija en Vielka. Logré ver cómo se dibujó una sonrisa de niña en su rostro y dijo un "gracias" que sé que le supo a gloria. No sé describirlo y no sé si les hará sentido a ustedes, pero sentí en ese momento que la "loca" y mi hija se entendieron, que hablaron un idioma puro y bendito, uno que hace años los "cuerdos y adultos" dejamos de comprender.

La cerrada puerta de barrotes se interpuso entre la mujer y mi hija, pero aún así ella se abrazó a la puerta y mientras empezaba a derrumbarse mi alma al comprender lo que pasaba entre ella y mi hija, las escuché despedirse con cordialidad.

--Adiós niña linda.
--Babay adiós.

Y eso fue todo.

Terminé de subir las escaleras y le entregué mi niña a su abuela mientras usaba las mangas de mi camisa como pañuelo. ¿Qué fue lo que pasó?

Pasó que una niña y una "loca" se bendijeron. Pasó que un prejuicio social nos dice que hay que cuidar a los niños de los locos y negarles a ellos todo contacto con quizás la única posibilidad de ser un poco iguales, un poco normales... un poco felices. Pasó que por un momento sentí que la enferma y loca mujer lograba que alguien le echara una bendición sincera, que le prestara un poco de atención desinteresada. Y eso me conmovió mucho.

Eso pasó hoy. Y Vielka aún no sabe lo que hizo.